
La transición de la televisión analógica a la digital es un camino inevitable. Solo un fundamentalista de la nostalgia se atrevería oponerse a ella. Sin embargo, como en todas “las transiciones”, ésta puede ser ideada, elaborada y ejecutada de distintas maneras. Todo depende de las elecciones que haga el gobierno, el que tiene la obligación de escoger la norma o la estructura tecnológica que de la flexibilidad necesaria para desarrollar en Chile una televisión diversa, que preste atención a los contenidos, que premie el ingenio por sobre la mediocridad, que incluya propuestas locales y las mejores internacionales. En definitiva, el gobierno tiene la posibilidad de decidir implementar un sistema de televisión innovador, distinto al actual, lo que nos parece una gran noticia. Este documento pretende mostrar, en líneas generales, algunos de los principales debates que deberemos afrontar en este proceso de transformación de la televisión y proponer defensas a ciertas posturas, basada en el principio de diversidad, que consideramos debiera ser el principio rector en este proceso.Los desafíos que enfrentamos son mayores sea cual sea la norma elegida, pues ésta no proveerá la materialización de los objetivos antes enunciados, solo dará la base para hacerlos aplicables. Es por ello que se requiere un esfuerzo legislativo y un compromiso político acorde a los retos que la Televisión Digital nos presenta.Una política pública que regule a la televisión, y en general a los medios de comunicación, debe tener como primer objetivo la promoción del pluralismo y la diversidad, en reconocimiento del rol que desempeñan los medios en el proceso democrático. En efecto, es preciso no perder de vista que los medios de comunicación son la principal fuente masiva de acceso a la información, en esta condición, tienen la capacidad de controlar y de manipular el tipo y la forma en la que se transmiten, no solo contenidos informativos, sino que también, culturales, de entretención, deportivos etc.. Además, la televisión, como soporte informativo, de alto consumo sea cual sea el segmento etario o social que se considere, tiene gran credibilidad en la ciudadanía, los estudios y las experiencias que demuestran que la televisión construye hábitos, realidades, percepciones, sobran.En virtud de lo anterior, la televisión, y los medios de comunicación en general, son mecanismos de poder, como diría Foucault, que moldean y orientan a la opinión publica. Si la propiedad de los medios se concentra en pocas manos y no hay diversidad de contenidos, es muy probable que la consecuencia sea una sociedad arbitrariamente informada y limitadamente educada. En efecto, las cifras indican que los chilenos consumen más de tres horas al día de televisión promedio, lo que demuestra la enorme influencia que ésta puede tener en la sociedad. Más aún si consideramos que a mayor pobreza mayor es el consumo de contenidos televisivos.En este contexto las transformaciones en la regulación de la industria televisiva, que se harán necesarias en la era de la televisión digital, deben enfocarse desde dos puntos de vista: primero, en la estructura de los canales y segundo, en la promoción de los contenidos y de la programación televisiva.
2.- Igualdad de oportunidadesPor otra parte, es necesario garantizar la igualdad de oportunidades a todos los actores en el proceso de adjudicación de las nuevas concesiones. Las licitaciones deberán ser transparentes, es decir, las condiciones y los criterios de selección deberán ser de público conocimiento, deberán existir patrones objetivos y racionales de evaluación de las distintas propuestas, las decisiones deberán ser tomadas ponderando debidamente las ventajas y debilidades de cada uno de los oferentes de acuerdo a reglas previamente establecidas de manera legítima y democrática. Lo anterior obliga a una revisión profunda del carácter de las concesiones. Son éstas las que en definitiva establecen las bases genéricas de la programación y los contenidos que los canales transmitirán una vez adjudicadas las concesiones. Por otra parte, la regulación de la televisión digital deberá terminar con las asimetrías que la legislación actual establece para las distintas concesionarias, con calificadas excepciones aplicables a la televisión pública. Consideramos además que un debate abierto e informado sobre la calidad de nuestra televisión actual y sus fortalezas y debilidades en el que participe la sociedad civil, los académicos, los partidos políticos, los actuales concesionarios de canales de televisión es esencial para determinar qué tipo de televisión queremos para el futuro.3. Modelos alternativosLa Televisión Digital abre distintas posibilidades regulatorias del mercado televisivo que necesariamente deberán debatirse en sede legislativa. Las opciones son múltiples: primero, dejar que la autoridad concesione los canales de acuerdo a ciertos criterios objetivos y que la programación, los contenidos y la calidad se regulen de acuerdo a las reglas del mercado con un canal público, a su vez cumpliendo una misión evaluada de forma diversa por las audiencias y las elites, como sucede hoy en día. Segundo, impulsar un canal público que privilegie la responsabilidad cultural con altos estándares de calidad y que paralelamente funcione un grupo de canales concesionados a privados cuya programación y contenido se regule por las reglas del mercado. Tercero, optar por un canal público y dar pautas y criterios generales a los canales privados sobre el tipo de contenidos que por ley se privilegiarán con algún mecanismo de incentivo, de modo de fomentar altos estándares de calidad y a la vez dar libertad en la programación. Finalmente podemos optar por híbridos entre alguna de las posibilidades anteriores o reforzar alguna de ellas.La primera opción la descartamos de plano, hay amplio consenso en la ciudadanía sobre las deficiencias de nuestras televisión, si consideramos que las audiencias ven varias horas diarias de televisión y llegan hasta un 90 % de encendido durante gran parte del año y que a su vez declaran no estar satisfechas, en general, por lo que ven y consumen, ni sentirse representadas por la mayoría de los contenidos que exhiben a su vez la gran mayoría de los concesionarios televisivos. Por tanto ese divorcio y replicar el modelo actual en la era digital sería desperdiciar la oportunidad de dar un salto en la diversidad, cantidad y calidad de contenidos. Las últimas dos opciones debieran ser las que primen como punto de partida en el debate del futuro modelo. Esto significará modificar sustancialmente el rol del canal público para constituirlo en un modelo de responsabilidad cultural televisiva con un financiamiento total o parcialmente estatal, concursable, retornable o no retornable y/o mediante premios, que permita garantizar una televisión plural, diversa y de calidad.4-Los nuevos operadores.La norma de Televisión Digital, de adoptarse la correcta, disminuirá considerablemente las barreras de entrada para nuevos competidores en el mercado televisivo. En efecto, si hoy son seis los canales concesionados, el nuevo modelo permitirá cerca de treinta y seis emisiones independientes. Una pregunta es cómo estas frecuencias serán asignadas a los distintos actores de la industria. Nuevamente las opciones son variadas: primero, se pueden privilegiar canales generalistas que transmitan diversidad de contenidos de acuerdo a las preferencias del mercado o de acuerdo a criterios democráticamente definidos con antelación; segundo, se pueden asignar concesiones de acuerdo a criterios de programación, de modo que los canales se especialicen en la transmisión de ciertos contenidos, con canales informativos, de entretención, locales, culturales, o algún otro criterio de clasificación; o se puede optar por algún mecanismo que combine las alternativas anteriores.En este plano, el Parlamento deberá velar con especial interés en las condiciones de acceso de pymes audiovisuales que signifiquen un aporte a la diversidad y que no forman parte de grandes conglomerados económicos capaces de sostener la explotación total de 4 o 6 canales en multiplex elástico según contenidos a exhibir. Para estos sectores se podrían pensar políticas de must carrier (obligación de difusión por grandes cadenas o la participación en un multiplex administrado por el Estado).
Raul Sunico Roberto León Roberto Sepúlveda
Francisco Chahuan Gonzalo Arenas Carlos Montes
Pablo Lorenzini Antonio Leal Marcelo Díaz
Alvaro Escobar Carlos Ominami Nelson Avila
Ramón Farías Esteban Valenzuela Sergio Aguiló
Marco Enríquez-Ominami Guido Girardi Ximena Vidal
Rene Alinco Marcos Espinosa Tucapel Jimenez
Juan Bustos Eduardo Díaz Ricardo Nuñez
Patricio Hales Gabriel Ascencio Clemira Pacheco
Alfonso De Urresti Rodrigo Gonzalez Carlos Abel Jarpa
Enrique Accorsi Andrés Bianchi Fernando Flores
José Antonio Gómez Guillermo Vásquez Guillermo Ceroni
Isabel Allende Eugenio Tuma Fulvio Rossi









